Noticias, Opinión

Todo tiempo pasado fue mejor… hasta en el fútbol

En mis tiempos de reportero, enero era el mes de las interminables reuniones y esperas en las afueras de las sedes de Everton en calle Viana (Viña del Mar) y de Santiago Wanderers en Avenida Independencia (Valparaíso) o en alguno que otro restaurante, de preferencia viñamarino (para aprovechar la época) donde se reunían dirigentes, empresarios y jugadores para la conformación de los planteles de la temporada.
Era la época en que no se contrataba a dos o tres incorporaciones. El técnico de turno elaboraba una larga lista de prioridades y las entregaba a una comisión de fútbol para su evaluación y posterior trabajo de contactos. De preferencia en esas comisiones estaban los directivos que más conocían del tema y tenían trato directo con el cuerpo técnico y jugadores.

No siempre se acertaba con las contrataciones, por más que se buscarán las fórmulas económicas y deportivas para hacer un buen plantel, asociado como siempre a la crítica del medio y en especial, al reclamo público del siempre exigente hincha, algo que no ha cambiado con los años.

Para la prensa era entretenido, aún cuando esas largas horas de espera se acortaban entre bromas y comentarios de colegas, hasta cuando aparecía el dirigente a cargo o el propio jugador para señalar a que términos habían llegado. Nos retirábamos satisfechos por el deber cumplido. La pega estaba hecha y la cuña envasada en el antiguo cassette de la grabadora.
Hoy por hoy todo eso ha ido desapareciendo. Los tiempos han cambiado, es cierto. Ya los dirigentes no son tan “sociables” para entablar diálogos y dar declaraciones oficiales. Mientras más escondidos estén para tratar temas de fútbol, para ellos es mucho mejor.

A la prensa no le cabe más que esperar un frío e impersonal comunicado por correo electrónico que muchas veces ni siquiera lleva firma responsable del dirigente. No somos los periodistas, ni los reporteros, ni los comunicadores los que queremos saber la primicia o que nos cuenten todo lo que hace un determinado dirigente en materia de contratos, entre otros. Son los socios del club, sus hinchas y simpatizantes quienes quieren estar informados del devenir de su institución, sea a través de la radio, la prensa escrita o la televisión. En la actualidad, también es valedero el hecho que muchas veces, la prensa, va más allá de lo que le compete en materia informativa e invade la vida profesional de estos personajes públicos llamados futbolistas y dirigentes.

Pero en este artículo no es el caso.

Como miembro de un prestigioso equipo deportivo radial como es “Golazo”, con cierta experticia de años en el reporteo futbolero, día a día les exigimos a nuestros compañeros de terreno, novedades de contrataciones, una cuña (audio) del dirigente o del técnico y nos encontramos con las respuestas: “No están ubicables”: “tienen buzón de voz en sus celulares”; “hubo reunión en Santiago”; “sólo hablarán el día X”. Algo que desgasta por lo demás, pero que deja de manifiesto la incomunicación con la que la prensa convive habitualmente con los clubes de futbol de esta zona costera de la región.

Resulta inexplicable, viviendo en un mundo globalizado en materia de comunicaciones que en pleno siglo XXI, las relaciones comunicacionales se manejen de esa forma, existiendo además departamentos de prensa en los respectivos clubes, situación que hace 20 años no existía y lo más bien que la relación dirigentes-prensa y/o jugadores -fuera la situación que fuese- era fluida y veraz, ya que la información llegaba de primera fuente y a estas alturas cuando se está ad-portas, en el caso de Santiago Wanderers de jugar la final de Copa de Campeones, participar en Copa Libertadores y enfocar el difícil torneo de 1ª B, es incomprensible no poder entregar una información fidedigna a quienes consumen el producto fútbol en su calidad de hinchas.

Tal vez me quedé en el pasado, pero qué agradables y entretenidas, eran esas largas horas de espera en las escalinatas de la sede oro y cielo en Viana 161 o en el salón de fotos de la sede caturra de la casona de Independencia.

Por Carlos Campos Castro, periodista de Golazo