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Exijo una explicación… y el penal cobrado por mano

 

El penal cobrado por el señor Cristián Andaúr en el partido entre la Universidad de Concepción y Everton de Viña del Mar ha reabierto el debate, al menos entre los hinchas viñamarinos, acerca de los casos en que una mano dentro del área amerita ser sancionada con la pena máxima.

Sin perjuicio de que son escasas las ocasiones en que la decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha y que, como señala Galeano, existe la sensación de que “el árbitro es arbitrario por definición (…) es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gesto de ópera”,  todavía existen algunos ilusos, como el que escribe estas reflexiones, que esperan un mínimo de claridad en el sentido y alcance de la norma.

No soy de aquellos que encuentran en los árbitros la justificación de las derrotas ni la excusa de los errores propios, sin embargo, al igual que Condorito me permito exigir una explicación.

Debo reconocer que no basta para ilustrarme adecuadamente, el escuchar las opiniones de los especialistas, esto es, de los árbitros, periodistas, comentaristas o ex jueces convertidos en reflexivos analistas de quienes fueron sus colegas de oficio. No digo esto porque no valore los esfuerzos que realizan por entregarnos una explicación coherente sobre este tema sino que, seguramente, he tenido la mala fortuna de escuchar algunas versiones un tanto contradictorias o poco accesibles para mis limitadas capacidades.
Aprovechando que me desvelé, tomé la decisión de deleitarme leyendo las reglas del fútbol con el fin de aclarar mi ignorancia y quedé convencido de que la disposición no es tan enredada como la describen los especialistas. Por ello, no quiero dejar pasar la ocasión de pedirle, con mucho respeto, al señor Andaúr que trate de darse un tiempo para repasar esta regla porque tengo la sensación de que no fue a esa clase.
La Regla 12 del Fútbol, vigente para los años 2017/2018, cuyo texto actualizado puede ser fácilmente encontrado al ingresar a esta maravilla de los tiempos modernos que es el internet y ubicar la página de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), me ha permitido elucidar la gran interrogante que no me dejaba dormir. En efecto, esa disposición nos aclara que, entre las infracciones que ameritan el cobro de un tiro libre directo, se encuentra el hecho que un jugador proceda a “tocar el balón deliberadamente con las manos (excepto el guardameta dentro de su propia área de penalti).

La misma norma, con intención didáctica, explica que: “Tocar el balón con la mano implica la acción deliberada de un jugador de tocar el balón con la mano o el brazo. Se deberá tener en cuenta lo siguiente: el movimiento de la mano hacia el balón (no del balón hacia la mano); la distancia entre el adversario y el balón (balón que llega de forma inesperada); la posición de la mano no presupone necesariamente una infracción;…”.

Por su parte la regla 14, denominada “El penalti”, especifica que “Se concederá un penalti si un jugador comete una infracción sancionable con tiro libre directo dentro de su área de penalti o fuera del terreno de juego como parte del juego, según se estipula en las Reglas 12 y 13”.

 El análisis de estas disposiciones me llevó, primero que todo, a conceptualizar la expresión deliberada, que se utiliza para determinar los casos en que una mano debe ser sancionada como infracción.

Las reglas del fútbol no definen la expresión “deliberada”, razón por la cual me vi en la obligación de recurrir al diccionario de la Real Academia Española que señala que algo deliberado es “voluntario, intencionado, hecho a propósito”. Es decir, para que se pueda estimar que una mano es deliberada y, por ende, sancionada, debe ser voluntaria, intencionada y hecha por la propia voluntad del jugador.

A mayor abundamiento, podemos afirmar que las manos casuales, es decir, aquellas en la cual el balón rebota o golpea en forma accidental en esta, sin que el jugador haya tenido la intención de tocarlo, no pueden ser sancionadas como infracción.

En resumen, un jugador comete mano cuando toca o juega el balón con la mano o el brazo en forma intencional.

Es cierto que el árbitro en su juzgamiento será el único que establecerá cuando una mano es deliberada o si es casual o involuntaria, con el fin de poder justificar la decisión que haya adoptado. No obstante, la misma regla le proporciona algunos criterios para tomar la decisión.
 Lo primero que se debe destacar es que la sanción procede cuando el movimiento de la mano es hacia el balón y no cuando el balón se dirige a la mano.
 El propósito del jugador debe ser claro y evidente. Su intención debe ser el de jugar, golpear o llevar el balón con las manos o brazos. Esto puede quedar en evidencia cuando el jugador aleje de su cuerpo los miembros superiores, tratando de esta manera de poner el mayor obstáculo a la trayectoria del balón. Sin embargo, no basta para considerar que hay infracción el hecho de que los brazos se hallen separados del cuerpo. La regla es clara en el sentido de que “la posición de la mano no presupone necesariamente una infracción”.

O sea, como diría “Humbertito”, si los brazos están separados del cuerpo en alguna jugada, desde antes que el balón venga en esa dirección y, por tanto, el jugador no tiene ninguna intención de tocarla, podrá haber contacto de la mano con el balón, pero como no es intencional no debe ser sancionado.

A lo anterior cabe agregar que el árbitro debe considerar la distancia entre el adversario y el balón. En efecto, existen ocasiones en que el balón llega de forma inesperada al defensor y no tiene como evitar que la pelota rebote en su mano. No obstante, nunca tuvo la intención de golear el balón con su mano.

Si quien remata está tan cerca del jugador en cuya mano da el balón, de manera que le resulta materialmente imposible evitar el rebote en su brazo no cabe cobrar penal, simplemente porque no tuvo la intención de tocar el balón con su mano debido a la distancia que se encontraba el adversario. Mientras más cerca esté del balón el jugador que toca el esférico con la mano, menos posibilidad de meterla voluntariamente va a tener.
 En fin, escribo estas reflexiones para aclarar mis ideas. Si a alguien le sirve, mucho mejor. Lo claro es que Cristián Andaúr se equivocó y perjudicó en esta oportunidad a Everton de Viña del Mar.
 Lo señalado no sirve, en caso alguno, para atenuar la responsabilidad de la mala campaña que cumplen los viñamarinos en el actual torneo de la división de honor ni las malas decisiones que se tomaron en la conformación del actual plantel. Pero eso será tema de otra reflexión, quizás en una nueva ocasión en que sea difícil conciliar el sueño…

Por Luis Rojas Gallardo, director de Golazo

Fotografía: Anfp