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El túnel de la esperanza…

Qué adrenalina significaba transitar por esos túneles que te llevaban hacía el campo de juego… ya se había dado el grito de guerra en el vestuario y la fila india emprendía la partida hacia la cancha. El !!vamos, vamos, vaamooss¡¡, mientras se caminaba entre saltitos y amagues cortos, el cabello mojado y el corazón palpitando más rápido mientras se acercaba la pequeña luz al final del túnel de ese glorioso día.

Sólo quince escalones separaban de la cancha del largo pasillo, para luego soltar la emoción de salir rápido de una vez. Última arenga y se comienza a sentir el sonido de los estoperoles en los zapatos de los once muchachos caminando por el cemento antes de llegar a esos peldaños. El último grita “!! a ganar cabros aaahhh..!!! Todos para uno y uno para todos”, como decía el gran Donato Hernández.

Y es el Capitán el primero en salir, el que acapara las miles de miradas y toda la atención de ese minuto mágico, ya la fila a trote rápido emerge al verde césped en dirección al centro del campo impecablemente presentado, para soltar la emoción de salir por la garganta del túnel sur del templo del fútbol y recibir el apoyo que se percibe estruendoso. Entre gritos, aplausos y la banda que toca el himno del club cantado a todo pulmón en el tablón. Todo es alegría y júbilo. Challa, serpentinas, globos y trapos al viento, son el augurio de una tarde feliz.

Ahora el túnel, testigo privilegiado del paso de aquellos, en sus murallas quedaron impregnados los diálogos en ese concentrado transitar de retorno por aquel pasillo de sus guerreros, ahora empapados, más cansados, silentes y con la convicción absoluta que tras el Mazo final, habrá que abrazarse en una tarde de valientes y de guapos.

Por Israel Jeison Soza