Noticias, Opinión

Sin justicia no hay fútbol

Los dirigentes del fútbol chileno no paran de sorprendernos, pero casi siempre para mal. Nivelando para abajo, tratando de sacar beneficio propio, aplicando reglas arbitrarias que no tienen sentido o creando campeonatos con normas que muchas veces ni ellos mismos entienden. Lo principal acá no es el fútbol, sino el negocio, sacar su tajada de dinero. Al fin y al cabo, casi todos los equipos son sociedades anónimas, es decir, empresas cuyo fin principal es obtener dinero, lo deportivo muchas veces pasa a segundo plano.

Fotografía: Carlos Parra | Comunicaciones ANFP

Así fue como hace una semana los dirigentes decidieron entregarle un miserable medio cupo de ascenso a la Segunda División Profesional, la tercera categoría del fútbol chileno. El equipo que salga campeón de la división jugará un partido de definición ante el penúltimo de la Primera B, para definir si es que recién puede ascender a la segunda categoría del fútbol chileno. Se suponía que en el fútbol el equipo campeón tiene una recompensa, pero en nuestro curioso fútbol chileno solo aspira a jugar un partido definitorio ante un equipo que cuenta con muchos más recursos.

Pero esta historia partió mucho antes. En 2012 bajo la presidencia del delincuente Sergio Jadue, quien aún no es condenado en Estados Unidos, se creó la Segunda División. Dicha división pasaba a ser profesional y depender de la ANFP, pero no tenía voz ni voto en el Consejo de Presidentes y tampoco recibía recursos por parte de la Asociación.

Pero lo más insólito de todo, es que el equipo que fuera campeón tenía que pagar 50 mil UF para poder ascender y jugar en la Primera B, un poco más de mil millones de pesos. Plata con la que evidentemente los clubes casi amateurs no contaban, por lo que tenían dos opciones: no ascender o endeudarse, casi todos hicieron eso último. El objetivo era uno solo, que no llegaran nuevos equipos al Consejo de Presidentes para recibir los jugosos dineros que entregaba el CDF por derechos televisivos, exactamente lo mismo que ocurre ahora.

Quienes impulsaron esta normativa y la creación de la Segunda División Profesional fueron Jadue con otros dirigentes que siguen en el fútbol: Felipe Muñoz (expresidente de Copiapó y hoy de Rangers), Jorge Sánchez (presidente de Antofagasta), Patrick Kiblisky (presidente de Ñublense) y Raúl Delgado (presidente de Unión San Felipe), aunque con el apoyo absoluto de todo el resto de dirigentes.

Particularmente los nombres de Felipe Muñoz y Jorge Sánchez son recordados por ser los dueños de Factor One, empresa que prestaba dineros a los clubes con altísimas tasas de interés, incluso a equipos que quebraron como Deportes Concepción. Factor One también prestó dineros a equipos que necesitaban pagar las 50 mil UF. Eso era un negocio redondo para Muñoz y Sánchez que apoyaron la creación de la cuota de ascenso y ganaban dinero con ello, en un evidente conflicto de interés.

¿Por qué son importantes los nombres de Muñoz y Sánchez todavía? Porque si bien ya no prestan plata a los clubes, fueron quienes apoyaron la elección de Pablo Milad como presidente de la ANFP. Sánchez tiene a su abogado personal y exdirector de Antofagasta, Raúl Jofré, como segundo vicepresidente de la ANFP.  Por su parte, Felipe Muñoz tiene a su amigo y a quien designó como presidente de Rangers por varios años, Jorge Yungue, como secretario general de la Asociación. Así es como los dueños del factoring que le hicieron tanto daño al fútbol chileno siguen manejando la ANFP.

Con la huida de Jadue a Estados Unidos, llegó a la ANFP Arturo Salah, quien decidió rebajar la cuota de ascenso de 50 mil a 25 mil UF. Es decir, equipos amateurs que se habían ganado el derecho en cancha de subir de categoría tenían que pagar aún cerca de 600 millones de pesos. En su momento fue considerado como un gran logro, ya que fue Deportes Valdivia quien amenazó con ir a la justicia ordinaria para reclamar por la cuota. Los dirigentes, aunque no querían, decidieron hacer ese “favor”.

Pero no fue hasta el 26 de junio de 2020, que el Tribunal de la Libre Competencia sancionó a la ANFP por el injustificado cobro, lo declaró ilegal y abusivo y la obligó a pagar una multa de 4 millones de dólares. Fue así como por vía de la justicia, el injustificado cobro a los clubes de Segunda Profesional llegó a su fin, y con ello también se puso fin a uno de los legados que dejó Sergio Jadue. Si no hubiera sido por los tribunales, todo seguiría igual.

Pero como al Consejo de Presidentes no le gustó nada la intervención del TDLC, decidió crear esta normativa de entregar solo medio cupo a la Segunda División. Como ya no podían imponerles el obstáculo económico a los clubes, decidieron crear el obstáculo deportivo que ningún tribunal puede declarar ilegal. A quién se le puede ocurrir que un club que salió campeón juegue un partido de promoción ante un equipo que salió penúltimo entre 16. No creo que suceda algo similar en ninguna parte del mundo, pero nuestros dirigentes son especiales.

Claro que siempre hay excepciones, y hay que destacar que Universidad Católica, Palestino, La Serena, San Marcos de Arica, Lautaro de Buin y Melipilla votaron en contra de esta injusticia. Rafael González de Santiago Wanderers se lavó las manos y votó nulo, porque según él esa decisión no le correspondía tomarla al club. Y para qué decir Everton, con Pedro Cedillo que votó a favor de entregar solo medio cupo.

Ahora estamos en un tremendo problema, los clubes de Segunda anunciaron que no van a jugar la categoría, y el Sindicato de Futbolistas profesional (SIFUP) se fue a paro y puso en duda el inicio del torneo. La Primera División debiese iniciar el 26 de marzo y aún no hay claridad de si es que se va a jugar y ni si quiera hay un calendario del torneo, mostrando una falta de seriedad absoluta.

El SIFUP está negociando con la ANFP para que le entreguen un cupo directo de ascenso a la categoría, pero la decisión no pasa por Pablo Milad, sino por el Consejo de Presidentes. Dirigentes que en su mayoría votaron por Jadue en su momento, dirigentes que tienen o tuvieron conflictos de interés, y sobre todo dirigentes que no quieren perder su tajada del negocio con las platas de la televisión. El panorama no se ve auspicioso, pero hay una cosa clara:  sin justicia no hay fútbol.  

Por Vicente Guzmán